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Qué hacer con el cliente que no viene

Cuatro medidas ordenadas de la más barata a la más incómoda.

El que no viene te cuesta dos veces: el hueco que no facturaste y el turno que le negaste a otro que sí habría venido. En un negocio de servicios es probablemente la pérdida más grande que no aparece en ningún papel, porque nadie anota lo que no pasó.

La buena noticia es que casi nunca es mala fe. Las tres razones reales, en orden de frecuencia, son: se olvidó, le cambió el día y no supo cómo avisar, y nunca terminó de decidir que iba a ir. Cada una se resuelve distinto, y por eso conviene ir en orden en vez de saltar directo a la seña.

1. El recordatorio automático

Es la medida más barata y la que más devuelve. Un mail el día antes convierte «me olvidé» en «no puedo, aviso», que ya es otro problema y mucho más chico.

Dos detalles que hacen la diferencia. El momento: veinticuatro horas antes es el estándar razonable, porque todavía hay tiempo de que otro tome el lugar si cancela. Y que el recordatorio traiga el link para cancelar: si te avisa que no viene, ganaste; si solo le recuerda que tiene turno y no le da salida, lo único que hiciste fue avisarle antes de faltar.

2. Que cancelar sea fácil

Suena al revés y es la medida más subestimada de las cuatro. Mucha gente falta porque cancelar le da vergüenza: tiene que escribirte, dar explicaciones y quedar mal. Ante eso, no aparecer es más cómodo.

Si cancelar es un botón, sin conversación y sin justificarse, mucha de esa gente cancela con tiempo. Y un turno cancelado con veinticuatro horas es un turno que se revende; un ausente a las cuatro de la tarde no.

El miedo típico es «me van a cancelar más». Sí, en la cuenta de cancelaciones. Lo que baja es el hueco, que es lo que te cuesta plata.

3. La confirmación del día anterior

Pedirle al cliente que confirme suma un paso, y por eso conviene solo en dos casos: si tus servicios son largos —donde un ausente te vuela media jornada— o si ya probaste las dos anteriores y el ausentismo sigue alto.

Ojo con la versión agresiva de esto, que es cancelar automáticamente al que no confirma: vas a perder clientes que sí iban a ir y que simplemente no miraron el teléfono. Como aviso funciona; como regla automática, suele salir cara.

4. La seña

La más incómoda, la más efectiva, y la única que resuelve el tercer caso: el que reserva sin haber decidido del todo que va a ir. Poner plata adelante convierte una intención en una decisión.

Va última a propósito. Es la única que le pide algo al cliente antes de darle nada, así que si la ponés antes de agotar las tres anteriores vas a perder reservas que se podrían haber salvado gratis. Cuando llegue el momento, cómo se implementa está en cómo cobrar una seña por Mercado Pago al reservar.

El orden importa más que las medidas. Las dos primeras no le piden nada al cliente y resuelven la mayor parte del problema. Empezá por ahí, medí un mes, y recién después decidí si necesitás las otras dos.

Medir antes de decidir

Antes de cambiar nada, contá durante un mes cuántos turnos tuviste y cuántos no aparecieron. Es un número que casi nadie tiene y que cambia la conversación: un 5% es ruido normal de cualquier negocio y no justifica ponerle una barrera al cliente; un 20% es un problema serio y ahí la seña se paga sola.

Y una vez que empezaste, dejá pasar un mes entero antes de sumar la medida siguiente. Si prendés las cuatro juntas no vas a saber cuál funcionó, y la que sobra la estás pagando en reservas que no entraron.

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